Desde los planteamientos discursivos expuestos en esta obra, se procura instaurar la instrucción y la recepción de la estructuración de un referente analítico racional que parta de los estamentos centrales de nuestra cultura, como parte epidérmica de nuestro pueblo.
Así como he iniciado este estudio, es que debí terminarlo; pero, como yo no soy «crítico literario», al modo de nuestros jueces de la literatura y de la cultura en este país, sino que soy un sujeto transcrítico, me puedo conceder el permiso de hacerlo como mejor entienda, partiendo de la íntima dialogía que he establecido con esta obra.
Había que cerrar con un estudio sobre el estado del quehacer y el teorizar sobre la literatura en la República Dominicana; pero no, al contrario, vamos ir cerrando este trabajo transcrítico revisando la historia del pensar y el pensamiento fragmentarios en nuestra sociedad, y el transcurrir del pensar y el filosofar en nuestro país.
Vemos aquí de qué manera y cómo el autor de «El horizonte y la memoria» (2010) se afianza en los estudios del historiador y filósofo dominicano Armando Cordero y, a partir de sus planteamientos teóricos y críticos, el autor de este libro pretende «reconstruir y reconocer una travesía de reflexión sobre el panorama académico actual de nuestro pensar y sus indagaciones analíticas publicadas» (Ver pág. 81, obra citada).
Vemos que en este apartado sobre la filosofía y el filosofar en nuestro país, el autor de este libro ha estudiado y cuestionado los textos de Armando Cordero, llegando a entender los problemas culturales, educativos y políticos que han limitado el avance de los estudios del pensamiento filosófico en nuestro país.
Esa situación de problemas socioculturales ha inducido a una continua arritmia, lo que ha provocado que hoy en día no exista una historia escrita de la filosofía en la República Dominicana.
Para este autor, el filósofo —desde 1930, inicio de la dictadura trujillista, y la mayoría de nuestros intelectuales, agrego yo— ha actuado de manera guavinosa y ha acomodado su pensar y su «doxa crítica», como bien dice Odalís G. Pérez, con el poder vigente, para mantenerse, ya sea en una universidad, en una institución o en una institucionalización gubernamental, y asegurar un puesto, claudicando así en sus ideales.
Por esa forma clara y directa de enunciar su verdad, a Odalis Guillermo Pérez Nina se le ha querido, en vano, «omitir» del contexto cultural dominicano; pero ya es imposible, porque su saber cultural se ha impuesto al trepadurismo de nuestros «intelectuales» oportunistas y buscapuestos en cualquier terreno.
Dice el autor de este libro que, cito: «La filosofía se ha divulgado en estas universidades por materia, como complemento a otros saberes y como carrera». Y sigue diciendo Pérez Nina: «La interrupción de la enseñanza filosófica o la direccionalidad de la misma en el sistema educativo dominicano ha logrado en muchos aspectos torcer los caminos del pensamiento, para de esta manera debilitar [el proceso]. Un ejemplo patente es la actual exclusión y expulsión de la filosofía de la enseñanza media del país» (Ver pág. 86, obra citada).
Y a esa verdad dicha de manera precisa, de frente, es a la que los «juristas» de nuestra literatura dominicana de hoy no quieren oír y se ponen tapones en los oídos y vendas en los ojos para no escuchar ni ver, quedando en vano su accionar, porque los ecos, como estos, retumban en las paredes de sus refugios.
Lo mismo ocurre con la proyección y difusión filosófica, la cual en nuestro país ha sido muy limitada, «precaria y asistemática», como bien apunta Pérez Nina (Ver pág. 86, obra citada).
Aquí, el autor de esta obra nos deja una afirmación contundente sobre el llamado «ser» dominicano. Y asegura que se ha convertido, desde la década del treinta hasta hoy —pero ante todo desde 1838 hasta las dos primeras décadas del siglo XX—, en un enigma, una «identidad» futurista, en una historicidad sin fondo, en un pretexto para culturalistas, oradores y pensadores del más bajo nivel retórico en el contexto histórico dominicano.
Posiciones cardinales y directas como esas son las que los vigilantes del poder cultural y literario de nuestro país pretenden rechazar, por no andar con «doble filo» queriendo «estar con Dios y con el diablo», como dice el pueblo llano, sobre ese tipo de gentuza del poder vigente.
Ese discurso saca ronchas en las pieles de «los intocables» y en las «vacas sagradas» de nuestra literatura dominicana de hoy. Esa es la verdad. Esa es mi verdad. Y usted la puede comprobar. Lo asumo a sabiendas del riesgo de exclusión que pueda recibir. ¿Y qué? No mendigamos ni compramos lauros.
¡¡¡Que siga la comparsa!!!
Y más aún, desde esta obra, el autor fija una posición críticoreflexiva referente a los resultados del culturalismo en la República Dominicana, por lo que manifiesta que este, el culturalismo, ha reducido bastante la perspectiva del pensar y del pensamiento dominicano. Y afirma que no se puede hablar de una historia de la filosofía en la República Dominicana que no se apoye en una historia crítica de las ideas y del mismo pensamiento dominicano.
Y no es que Pérez Nina esté negando la existencia de un referente filosófico en nuestro país, porque eso es innegable, sino que está reclamando a los culturólogos y filósofos dominicanos asumir una posición inquisidora y/o cuestionadora de nuestro pensar y de nuestros sujetos pensantes.
Y más aún, Pérez Nina aquí transita por los linderos que nos conllevan a concretizar los senderos de una historia de la filosofía en nuestro país, desde un proyecto inacabado, permanente, dentro y fuera del sistema educativo nacional.
Y ese proyecto de estudios filosóficos dominicanos ha de estar situado en la movilidad imaginaria, política, cultural, artística y comunicacional, teniendo en cuenta todos los aspectos que nos permitan organizar, de manera rigurosa, los estudios y aspectos que nos conlleven a dar al traste con el necesario complemento que nos pueda acercar, con cierta objetividad, al estudio de nuestra filosofía y de nuestro filosofar, contextualizando en tiempo y espacio la voz de cada uno de nuestros pensadores, sin importar las ideas políticas o politiqueras que profesen.
Es esta una obra que, al momento de estudiar el panorama actual de la filosofía y nuestro filosofar, hay que consultar y evaluar la necesaria posibilidad de aplicar algunos criterios puntuales que el autor señala de manera directa, para consolidar la proyección de la historia de nuestro filosofar y su situación en los estamentos académicos nacionales.
Y así ver, con cierto rigor de objetividad, hasta dónde el positivismo hostosiano influyó en la educación nacional, a pesar de los problemas de la modernidad que inducirían a percibir nuevos valores éticos, educativos y axiológicos en nuestro sistema educativo nacional.
Desde aquí podemos percibir que en la República Dominicana [el positivismo] no alcanzó un desarrollo significativo como filosofía adoptada por el Estado y sus instituciones educativas, por la marcada influencia que se impuso en la educación y en la visión doctrinal del mismo Estado, cuyas imposiciones desde el poder escogieron la religión como centro y base de nuestra educación ética, moral y doctrinal.
Aquí vemos cómo el intelectual dominicano don Fernando Pérez Memén, profesor meritísimo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), estudia el pensamiento y nuestro pensar, desde 1844 hasta 1861, en su importante obra «El pensamiento dominicano en la Primera República» (Eds. Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, impresa en Editora Taller, Santo Domingo, R.D., 1995).
Aquí Pérez Memén estudia el significado de la primera carta constitucional, filosófica y política de la República Dominicana, firmada el 6/11/1844.
Eso nos aproxima a la amplia y profunda mirada que Pérez Nina proyecta sobre su estudio acerca del pensar y el filosofar en nuestro país, recurriendo a los trabajos de otros colegas y resaltando sus aportes al respecto.
Es desde esa perspectiva que valoramos los aportes de Pérez Nina a nuestro espacio cultural y literario, con determinada apertura al saber de los demás, con sentido ético y estético, no cerrando sus puertas como en vano han hecho con su saber cultural y creativo.







































