Adentrarme en los universos semántico-conceptuales presentes en esta obra me ha llevado a establecer un diálogo directo con el libro. Así como usted lo está leyendo: he tenido que hablar y escuchar la obra, con detenimiento y calma, para penetrar en su epidermis cognoscitiva.
En esa dialogía intertextual me he encontrado con situaciones que obligan a dirigir una mirada reflexiva hacia la obra. Solo así he podido continuar esta travesía cultural por los bordes de la intertextualidad que habita entre sus páginas.
Me he acercado a este libro asumiendo como camino de aproximación el texto, su discurso y su decir. Por eso parto de su propio universo lingüístico y estético para interpretar parte de la complejidad de su universo de sentidos.
Es por eso que, reitero, Pérez Nina sostiene, como soporte teórico, la desemantización del discurso y su simbología expresiva para construir las coberturas que lo aproximan a una reflexión crítica y objetiva en esta ensayística sobre filosofía, estética y literatura.
Y es precisamente eso lo que otorga determinado rigor académico a la interpretación que se desprende de la lectura de este libro como expresión de una razón creativa y cultural.
De ahí que, cuando Pérez Nina hace referencia al tratamiento dado por Armando Cordero al intelectual Juan Isidro Jimenes-Grullón, lo hace desde la postura del analista y del crítico, al margen de las posiciones ideológicas asumidas, porque su interés se concentra en el texto del creador y en sus aportes a nuestro filosofar y a la realidad política de su momento.
Pérez Nina le reprocha a Armando Cordero no haber analizado suficientemente los aportes de Jimenes-Grullón durante y después de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina. También le critica haber omitido la asimilación intelectual de Jimenes-Grullón a las teorías marxistas.
Eso nos indica que estamos ante un analista que asume posiciones beligerantes y responsables cuando el momento lo reclama.
En otro orden, Pérez Nina también fija una posición inquisidora y crítica ante nuestro filósofo Andrés Avelino, sobre quien señala lo siguiente:
“Andrés Avelino fue siempre un pensador polémico y desafiante con los grandes sistemas filosóficos y con los pensadores de importancia en la filosofía moderna y contemporánea”.(Ver pág. 122, obra citada)
Aquí, Pérez Nina expone su posición frente a la teoría de los tres mundos de Andrés Avelino. Nos referimos al “mundo de la realidad, el mundo de los categoriales y el mundo de las ideas”, entendidos como niveles de un saber que confluye en la metafísica, la lógica y la axiología.
Desde el enfoque transdisciplinar de estos ensayos queda pendiente una observación: la enseñanza de nuestra filosofía, de la estética y de nuestra literatura ha de plantearse desde la epidermis del discurso analizado y no a partir de supuestos, porque es el propio texto el que revela al lector o al analista la dimensión de su cobertura plurisemántica y expresiva.
Se resalta aquí el carácter polémico e indagador de nuestro filósofo Andrés Avelino. Si bien es cierto que Immanuel Kant, desde su filosofar y, en especial, desde sus obras “La Crítica a la Razón Pura” (1991) y “Crítica del Juicio” (1977), influyó en el filósofo Andrés Avelino, no es menos cierto que Avelino contradijo aspectos del pensamiento de Kant y de G. H. Hegel.
Ese cuestionamiento del discurso es lo que falta en nuestro sistema educativo nacional. Y, desde los sentidos profundos de esta obra, eso es precisamente lo que se persigue: no continuar aceptando como “bueno y válido” todo cuanto se nos dice o se nos dicta en las escuelas, liceos y universidades de nuestro país.
Es que Andrés Avelino, desde la perspectiva analítica de estos autores y, en especial, desde el tratamiento crítico de Pérez Nina, fue un lógico y matemático “problemático”. Y cuando estos autores lo clasifican de esa manera, lo que sostienen es que fue un sujeto cuestionador, un intelectual que, en determinados momentos, se situó más allá de su tiempo.
Se resalta aquí su tratamiento filosófico de los retos y sus perspectivas indagatorias. En este sabio nuestro encontramos posiciones cardinales que conducen a establecer planteamientos en relación con la vida y nuestro existir, configurando así el perfil de su filosofar.
Desde ese planteamiento sobre nuestro filosofar y a partir del discurso de Andrés Avelino, apoyado también en los estudios de Armando Cordero, se justifica que en el país no existe el supuesto “vacío” ni el “desierto” que algunos alegan encontrar en el pensamiento filosófico de la República Dominicana.
A pesar de la existencia de un significativo filosofar en nuestro país, necesitamos filósofos y filósofas capaces de autocuestionarse, de cuestionar los discursos existentes y de ofrecer respuestas pertinentes a nuestra realidad.
Ha sido una constante propositiva de Pérez Nina, a lo largo de esta obra, problematizar lo que ha sido el filosofar, la filosofía y el quehacer estético-literario en nuestro país, hasta contribuir a la instauración de una historia, un registro o un archivo de nuestro pensar y de nuestro crear.
Partiendo de esa problematización de nuestro pensamiento y de nuestro quehacer, Pérez Nina se toma tiempo para referirse y exponer juicios públicos sobre el libro titulado “Ideas filosóficas, discurso sindical y mitos cotidianos en Santo Domingo” (Ed. Taller, Santo Domingo, R. D., 1984), del reconocido académico e investigador dominicano Diógenes Céspedes.
Sobre esa obra, Pérez Nina nos dice:
“(…) en el libro en cuestión no existe una pedagogía de lo expositivo y lo descriptivo que sea coherente con el tema en cuestión; dicho libro resulta una colanza donde el pensamiento dominicano no revela su fase inmanente o trascendente, pero tampoco se expresa allí el carácter crítico de un fundamento filosófico o discursivo, tal como lo exhibe el título mismo del libro”.(Ver pág. 131, obra citada)
Vemos aquí a un crítico literario asumiendo una posición frente a la obra de otro crítico. Es, pudiéramos decir, un ejercicio de “crítico a crítico”, y es positivo que ocurra, independientemente de que quien asuma la crítica tenga o no la razón.
Lo importante aquí es aquello que nuestro sistema educativo dominicano todavía no promueve suficientemente: la proyección de un pensamiento reflexivo y crítico frente a lo que pretenda imponernos el maestro, dentro y fuera de los espacios áulicos.
Desde esta obra encontramos la búsqueda y construcción objetiva de nuevas vertientes de nuestro quehacer filosófico, estético y literario, capaces de inducirnos a la búsqueda y construcción del ser dominicano, no desde una visión politiquera y panfletaria, sino desde el replanteamiento de lo que hemos sido y de lo que hoy somos, a través del discurrir de nuestros vínculos y rupturas como pueblo latinoamericano y caribeño, mestizo y cimarrón.
Eso representa un deseo de lo que debería ser nuestro país; pero, lamentablemente, desde el horizonte de los poderes políticos de nuestro actual Estado, hoy eso no es.







































