En su último informe conjunto, la FAO y el Programa Mundial de Alimentos advierten que el tiempo para evitar que millones de personas enfrenten inseguridad alimentaria aguda se está agotando entre noviembre de 2025 y mayo de 2026. El estudio identifica 16 “puntos calientes” donde la combinación de conflictos armados, choques climáticos, crisis económicas y falta de financiamiento está empujando a poblaciones enteras hacia el hambre extrema.
Seis países y territorios, entre ellos Haití, Sudán, Sudán del Sur, Yemen, Malí y Palestina, enfrentan un riesgo inminente de hambre catastrófica. En la mayoría de los casos, la violencia y la inestabilidad política son los principales detonantes, agravados por sequías, inundaciones y el colapso de los sistemas de producción y distribución de alimentos.
La FAO y el PMA advierten que esta crisis es predecible y prevenible, pero solo si existe voluntad política, financiamiento urgente y acceso humanitario sin restricciones. Cada mes de inacción significa más niños desnutridos, más familias desplazadas y más vidas en riesgo. La ventana para actuar se está cerrando y el costo de no hacerlo será humano, moral y político.
La situación en Haití es especialmente preocupante y no puede verse como un problema distante. Más de 5.7 millones de haitianos (más de la mitad de su población) enfrentan niveles altos de inseguridad alimentaria aguda, con una proyección de que hasta casi 5.9 millones podrían continuar en esta situación hacia la primera mitad de 2026 si no se intensifica la respuesta humanitaria.
Este contexto de hambre severa, agravado por la violencia pandillera, el colapso de los sistemas productivos, los altos precios de los alimentos y la reducción de la ayuda internacional, aumenta la probabilidad de mayores flujos migratorios hacia nuestro país, lo que traerá consigo mayores presiones económicas y riesgos de inestabilidad social en toda la región.
Frente a este escenario, las autoridades de la República Dominicana deberían anticipar posibles crisis humanitarias y de movilidad humana vinculadas a la situación haitiana, e iniciar desde ahora la planificación y coordinación de acciones preventivas, tanto humanitarias como de seguridad y desarrollo fronterizo, para proteger a la población dominicana y contribuir a evitar que los efectos de la crisis se profundicen.
En el caso particular de Haití, esta advertencia debe llamar de manera especial la atención de la República Dominicana. La profundidad de la crisis alimentaria y humanitaria del país vecino no es un fenómeno aislado ni lejano: tiene efectos directos sobre la estabilidad regional, los flujos migratorios, la seguridad fronteriza y la cohesión social dentro de nuestro territorio.
Finalmente, repito, considero que las autoridades dominicanas deberían comenzar desde ya a proyectar distintos escenarios posibles, desde un deterioro gradual hasta un colapso humanitario mayor, y, en función de ellos, planificar acciones preventivas, coordinadas y humanitarias que permitan proteger tanto a la población dominicana como contribuir a evitar una tragedia mayor del lado haitiano. Anticiparse hoy es la única forma responsable de evitar que mañana la crisis nos desborde.
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