La República Dominicana todavía está a tiempo de prepararse para una modalidad de fraude que ya ha comenzado a causar pérdidas importantes en otros países: la clonación de voz mediante inteligencia artificial. No se trata de afirmar que existe actualmente una ola de este tipo de estafas en territorio dominicano. Hasta ahora no hay reportes oficiales ampliamente conocidos ni investigaciones periodísticas suficientemente documentadas que permitan sostener que delincuentes estén utilizando de forma habitual voces clonadas para engañar a familias, empresas o instituciones del país.
Tampoco se conoce públicamente un caso dominicano confirmado en el que una persona haya entregado dinero después de recibir una llamada en la que se imitara, mediante inteligencia artificial, la voz de un hijo, un esposo, un jefe o cualquier otra persona cercana. Esa diferencia es importante, porque hablar de prevención no significa presentar como actual un problema que todavía no ha sido documentado a gran escala. Sin embargo, tampoco sería prudente esperar a que ocurra el primer caso grave para comenzar a entender cómo funciona.
Las estafas telefónicas llevan años formando parte del panorama delictivo dominicano. Son conocidas las llamadas sobre premios inexistentes, familiares supuestamente detenidos, accidentes, cuentas bancarias bloqueadas, secuestros falsos, solicitudes de códigos de seguridad y transferencias de emergencia. La clonación de voz no necesita sustituir esas modalidades. Puede simplemente incorporarse a ellas y hacerlas mucho más convincentes. Ahí está precisamente el riesgo.

Qué es realmente la clonación de voz
La clonación de voz utiliza sistemas de inteligencia artificial capaces de estudiar una grabación y reproducir algunos de los rasgos que hacen reconocible la voz de una persona. El sistema analiza elementos como el timbre, la pronunciación, las pausas, el ritmo y ciertos patrones de entonación para posteriormente generar audio que puede parecer producido por el hablante original.
Hace pocos años conseguir un resultado medianamente convincente requería numerosas grabaciones y bastante trabajo técnico. Esa barrera se ha reducido. Algunas herramientas actuales pueden trabajar con muestras relativamente breves de audio, aunque la calidad del resultado continúa dependiendo de la tecnología utilizada, de la limpieza de la grabación y de la cantidad de material disponible.
El audio obtenido tampoco tiene que limitarse a una grabación previamente preparada. Existen sistemas capaces de reproducir un texto escrito utilizando una voz determinada, mientras otros permiten modificar la voz de una persona prácticamente en tiempo real. En este último escenario, el estafador podría mantener una conversación, responder preguntas y adaptar lo que dice según las reacciones de quien se encuentra al otro lado de la llamada.
Cuando ese recurso se utiliza dentro de un fraude telefónico entra en el terreno del vishing, una modalidad de ingeniería social ejecutada mediante llamadas o mensajes de voz. Conviene hacer una precisión: no todo vishing utiliza inteligencia artificial. Durante décadas los delincuentes se han hecho pasar por empleados bancarios, autoridades, familiares o representantes de empresas sin necesidad de herramientas avanzadas. La diferencia es que una voz clonada puede eliminar una de las señales que tradicionalmente permitían descubrir el engaño. Ya no bastaría con pensar que quien habla no tiene la voz de nuestro hijo, pareja, jefe o familiar.
Por qué República Dominicana debe prestar atención
La amenaza no necesita comenzar desde cero en el país. Ya existe una cultura de estafas telefónicas basada en historias urgentes que buscan presionar emocionalmente a la víctima. La inteligencia artificial puede convertirse simplemente en una herramienta adicional.
Pensemos en una situación cotidiana. Una persona publica regularmente videos en Facebook, Instagram o TikTok. En ellos habla durante varios minutos. También participa ocasionalmente en transmisiones en vivo o envía notas de voz que terminan circulando fuera de su entorno inmediato. Para alguien interesado en suplantarla, ese material puede tener valor.
El delincuente podría reunir grabaciones públicas, estudiar quiénes son sus familiares, conocer dónde trabaja y recopilar otros datos disponibles en internet. Después tendría suficiente información para construir una historia creíble. No necesariamente necesitaría entrar a una cuenta bancaria, intervenir un teléfono o infectar un dispositivo. En muchos fraudes la verdadera puerta de entrada continúa siendo la propia persona.
Quienes aparecen con frecuencia en medios de comunicación tienen una exposición particularmente alta. Empresarios, funcionarios, políticos, artistas, periodistas, comunicadores y creadores de contenido acumulan cientos de minutos de audio disponibles públicamente. Sin embargo, sería un error pensar que el problema se limita a ellos. Un video familiar publicado en una cuenta abierta puede proporcionar también material aprovechable.
WhatsApp añade otra dimensión. Estamos acostumbrados a tratar las notas de voz como comunicaciones privadas, pero una grabación puede descargarse, reenviarse y terminar circulando mucho más allá del grupo para el que originalmente fue creada. Una vez que sale de ese entorno, controlar quién la conserva resulta prácticamente imposible. Prepararse para este escenario no significa comenzar a desconfiar de cada llamada telefónica. Significa aceptar una nueva realidad: reconocer una voz ya no debería utilizarse como único mecanismo para confirmar una identidad.
Los casos internacionales muestran hasta dónde puede llegar
Aunque no existen evidencias públicas suficientes para afirmar que este tipo de fraude ya se encuentra extendido en República Dominicana, otros países han documentado situaciones que permiten observar su potencial.
Uno de los casos más notorios ocurrió en Italia en 2025. Varios empresarios recibieron llamadas en las que una voz generada con inteligencia artificial imitaba al ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto. Los delincuentes afirmaban necesitar dinero para resolver una supuesta situación relacionada con ciudadanos italianos secuestrados en Oriente Medio y aseguraban que los fondos serían posteriormente reembolsados.
Entre las personas contactadas figuraron algunos de los empresarios más conocidos del país. Massimo Moratti, expresidente del Inter de Milán, llegó a transferir aproximadamente un millón de euros antes de descubrir que se trataba de un engaño. Las autoridades consiguieron posteriormente localizar y congelar el dinero. El caso tiene una enseñanza importante: no estamos hablando necesariamente de víctimas ingenuas o personas sin experiencia financiera. Una operación de ingeniería social suficientemente elaborada puede engañar incluso a individuos acostumbrados a manejar grandes cantidades de dinero y tomar decisiones empresariales.
Hong Kong ofrece otro ejemplo todavía más complejo. Un empleado de la firma internacional de ingeniería Arup participó en una videoconferencia en la que creyó estar hablando con el director financiero y otros compañeros de la empresa. En realidad, las imágenes y las voces habían sido manipuladas. El trabajador terminó realizando 15 transferencias por aproximadamente 200 millones de dólares de Hong Kong, equivalentes a unos 25 millones de dólares estadounidenses.
En ese caso ya no se trató simplemente de falsificar una voz. Audio, video y una historia empresarial aparentemente coherente fueron utilizados conjuntamente para convencer a la víctima. También durante 2025, autoridades estadounidenses advirtieron sobre campañas en las que delincuentes utilizaban mensajes y grabaciones generadas con inteligencia artificial para hacerse pasar por altos funcionarios. El propósito era crear confianza y llevar posteriormente a las víctimas hacia canales controlados por los atacantes.
Nada de esto significa que el mismo modelo esté operando actualmente en República Dominicana. Los casos sirven para demostrar que la tecnología existe, que ha sido utilizada con éxito y que las organizaciones criminales pueden adaptarla a diferentes contextos.
Una llamada que cualquier familia podría recibir
El escenario más fácil de imaginar en República Dominicana es también uno de los más peligrosos: una falsa emergencia familiar. Un padre recibe una llamada y al contestar escucha una voz parecida a la de su hijo. Habla rápidamente, parece nervioso y asegura haber sufrido un accidente. También podría decir que fue detenido, que tuvo un problema migratorio o que necesita dinero urgentemente para recibir atención médica.
Quizás se escuche llanto o haya ruido detrás. La conversación podría durar poco y luego aparecer una segunda persona que se presenta como policía, abogado, médico o funcionario y comienza a explicar qué debe hacerse. A partir de ese momento la víctima deja de analizar solamente la voz y comienza a reaccionar ante una emergencia.
Esa presión es fundamental para el éxito del fraude. El estafador necesita impedir que la persona tenga tiempo para verificar. Puede decir que el teléfono del familiar está a punto de quedarse sin batería, que existe una amenaza inmediata, que no debe comunicarse con nadie más o que hay una oportunidad limitada para resolver el problema. El objetivo consiste en convertir el miedo en velocidad.
En el contexto dominicano el relato podría adaptarse perfectamente a situaciones conocidas: accidentes de tránsito, detenciones, problemas con familiares que viven en Estados Unidos o España, dificultades en aeropuertos, supuestos secuestros y emergencias médicas. No hace falta inventar historias demasiado sofisticadas cuando pueden utilizarse preocupaciones que ya forman parte de la vida cotidiana.
Las empresas tienen otro tipo de exposición
El riesgo cambia cuando el objetivo es una empresa. Allí el delincuente probablemente no intentará provocar el miedo de un padre, sino aprovechar la jerarquía interna y la presión de una orden aparentemente legítima.
Imagine que un empleado de contabilidad recibe una llamada con la voz del propietario de la compañía. El supuesto ejecutivo explica que está reunido, que necesita cerrar una operación antes de determinada hora y que debe realizarse una transferencia inmediatamente. Menciona el nombre de un proveedor conocido, conoce detalles de algún proyecto y pide discreción porque la operación todavía no puede hacerse pública.
No sería una solicitud necesariamente absurda y ese es precisamente el problema. Mientras más se parezca la historia a la rutina de la empresa, más posibilidades tendrá de funcionar.
El atacante también podría dirigirse al departamento tecnológico. Una llamada aparentemente realizada por un gerente podría solicitar el restablecimiento de una contraseña, la activación de un dispositivo, la modificación de un correo electrónico o la suspensión temporal de algún mecanismo de seguridad. En ninguno de esos casos tendría necesariamente que vulnerar primero la infraestructura informática. Bastaría con conseguir que un empleado autorizado hiciera el trabajo por él.
Las empresas dominicanas que todavía autorizan movimientos financieros importantes mediante llamadas informales o mensajes de WhatsApp deberían revisar seriamente ese procedimiento. La confianza personal entre propietarios y empleados tiene valor, pero no sustituye los controles internos. De hecho, la familiaridad puede convertirse en una vulnerabilidad. Si el empleado cree reconocer perfectamente la voz del jefe, puede sentirse todavía menos inclinado a cuestionar la orden. Una transferencia extraordinaria nunca debería aprobarse exclusivamente porque el dueño llamó.
Las señales ya no estarán solamente en la voz
Durante los primeros años de las voces sintéticas era relativamente sencillo encontrar errores. Algunas pronunciaciones resultaban extrañas, había pausas poco naturales y el tono sonaba robótico. Esa ventaja se está reduciendo, por lo que resulta más útil observar el comportamiento de quien llama.
Una solicitud de dinero acompañada de presión para actuar inmediatamente debe generar cautela. Lo mismo ocurre cuando alguien pide mantener todo en secreto, insiste en que no se cuelgue la llamada, solicita códigos enviados por mensajes de texto o evita responder preguntas que normalmente serían sencillas para la persona cuya identidad está utilizando.
También puede resultar revelador escuchar las palabras utilizadas. Una persona conocida puede tener expresiones particulares, formas de dirigirse a sus familiares o maneras muy concretas de responder determinadas preguntas. La voz podría copiarse, pero la memoria compartida es mucho más difícil.
El número mostrado en la pantalla tampoco garantiza que la llamada sea auténtica. La manipulación del identificador telefónico permite que en determinadas circunstancias aparezcan números diferentes del origen real de la llamada. Por eso la confianza no debe descansar solamente en lo que aparece en la pantalla ni en lo que escuchamos.
Una palabra familiar puede evitar un problema
Una de las medidas más simples consiste en establecer una palabra o pequeña frase de seguridad dentro de la familia. No tiene que ser complicada. Debe ser fácil de recordar para quienes realmente necesitan conocerla, pero suficientemente difícil de deducir para alguien que investigue las redes sociales de la familia.
No conviene utilizar fechas de cumpleaños, apodos visibles públicamente, nombres de mascotas, direcciones ni información que pueda encontrarse con una búsqueda sencilla. Ante una llamada de emergencia, esa palabra puede utilizarse como una primera barrera. Si quien llama no sabe responder, existe una señal inmediata para desconfiar.
Eso tampoco significa que la clave familiar deba convertirse en la única prueba de identidad. La mejor práctica continúa siendo terminar la llamada y contactar directamente a la persona mediante un número conocido. Si no responde, puede verificarse con otro familiar, compañero de trabajo o alguien que se encuentre cerca. Una emergencia verdadera seguirá siendo una emergencia después de dedicar unos minutos a comprobar qué está ocurriendo.
Las empresas deben revisar sus protocolos antes de necesitarlos
Para las organizaciones, la prevención tiene menos relación con comprar programas costosos que con mejorar procedimientos. Una empresa puede tener excelentes sistemas informáticos y seguir siendo vulnerable si un empleado puede autorizar una transferencia importante después de recibir una llamada. La inteligencia artificial cambia la calidad del engaño, pero muchos ataques siguen aprovechando fallas bastante tradicionales.
Las transferencias extraordinarias deberían necesitar una segunda validación. Si la solicitud llega mediante una llamada, la confirmación tendría que realizarse por un canal diferente: un sistema corporativo, una comunicación con un número previamente registrado o la intervención de otro responsable.
El cambio de cuentas bancarias de proveedores merece atención especial. Una factura aparentemente auténtica puede contener nuevos datos de pago. El procedimiento correcto consiste en confirmar cualquier modificación utilizando información de contacto ya existente, no el teléfono o correo incluido en el documento sospechoso.
Lo mismo debería aplicarse al personal encargado de tecnología. Un empleado de soporte no debe restablecer contraseñas, modificar accesos o desactivar mecanismos de autenticación únicamente porque reconoce la voz de quien llama. Tampoco debería saltarse los controles porque la solicitud supuestamente proviene de un superior. Si un protocolo desaparece cuando llama el jefe, realmente nunca fue un protocolo.
La legislación dominicana ya ofrece herramientas
La República Dominicana cuenta desde 2007 con la Ley núm. 53-07 sobre Crímenes y Delitos de Alta Tecnología. Naturalmente, una legislación aprobada en aquella época no podía prever con precisión las actuales herramientas de clonación de voz mediante inteligencia artificial. Eso no significa necesariamente que estas conductas se encuentren fuera del alcance de la legislación.
Dependiendo de la forma en que se realice el fraude, podrían entrar en juego diferentes disposiciones relacionadas con la obtención ilícita de fondos, la estafa mediante sistemas electrónicos o de telecomunicaciones y la utilización de una identidad ajena. La ley contempla, entre otras conductas, la obtención ilícita de fondos mediante tecnologías de información y telecomunicaciones y determinadas formas de suplantación de identidad.
La valoración jurídica concreta dependerá siempre de lo ocurrido en cada caso. Clonar una voz, por sí solo, no debe confundirse automáticamente con ejecutar una estafa. Importa para qué se utilizó, qué intención tenía la persona, qué daño produjo y qué otras conductas acompañaron la acción.
Si una voz sintética es utilizada para hacerse pasar por alguien, obtener dinero fraudulentamente, conseguir acceso a cuentas, amenazar o perjudicar a otra persona, entonces el análisis jurídico cambia considerablemente.
Qué hacer cuando una llamada parece sospechosa
La primera reacción no debería ser enfrentarse al supuesto estafador. Lo más conveniente es terminar la comunicación. Continuar hablando para tratar de desenmascararlo puede parecer tentador, pero también permite que la persona obtenga más información sobre la víctima, conozca cómo reacciona y prolongue la presión psicológica.
Después hay que contactar directamente a la persona cuya identidad aparentemente se utilizó. No se debe devolver simplemente la llamada al número que apareció en pantalla. Lo correcto es utilizar el contacto que ya se tenía guardado o comunicarse mediante otro medio conocido. Si no responde, hay que ampliar la verificación. Un familiar, compañero de trabajo, vecino o persona cercana puede confirmar rápidamente si existe realmente una emergencia.
Los códigos de autenticación recibidos por mensajes tampoco deben compartirse. Que alguien conozca nuestro nombre, número de identificación, banco, familiares o alguna otra información personal no significa que sea quien afirma ser.
Si ya se realizó una transferencia, cada minuto cuenta. La entidad financiera debe ser contactada inmediatamente mediante sus canales oficiales y deben conservarse todos los elementos relacionados con la operación: comprobantes, audios, mensajes, números telefónicos, nombres utilizados, cuentas receptoras y cualquier otra información disponible.
La denuncia también puede ser presentada ante las autoridades correspondientes, incluyendo los organismos especializados en delitos tecnológicos y el Ministerio Público. Cuando existen operaciones financieras involucradas, también pueden utilizarse los mecanismos de reclamación establecidos para los usuarios de los servicios bancarios.
No tenemos que esperar a la primera víctima
República Dominicana tiene una ventaja en este momento: todavía podemos hablar del problema principalmente desde la prevención. Sería una mala estrategia esperar a que una familia pierda sus ahorros o que una empresa realice una transferencia millonaria para comenzar entonces una campaña educativa.
Los bancos pueden revisar sus mecanismos de validación. Las empresas pueden fortalecer sus procedimientos internos. Las familias pueden acordar desde ahora cómo confirmar una emergencia y los medios de comunicación pueden explicar esta tecnología sin convertirla en una historia sensacionalista.
Los casos internacionales han dejado una enseñanza bastante clara. La tecnología por sí sola no realiza el fraude. Necesita encontrar una persona bajo presión y, casi siempre, algún procedimiento débil. El delincuente busca precisamente ese momento en que el miedo, la urgencia o la autoridad pesan más que la verificación.
Durante generaciones escuchar la voz de alguien conocido fue suficiente para identificarlo. Para nuestra vida cotidiana sigue teniendo un enorme valor emocional. Como mecanismo de seguridad, sin embargo, ya no ofrece la misma garantía. Ese cambio debemos entenderlo antes de que nos obligue a aprenderlo una víctima.
Si llega una llamada urgente de un hijo, un padre, un jefe o cualquier persona cercana pidiendo dinero, la regla puede resumirse en tres acciones sencillas: colgar, verificar y después actuar. Dedicar unos minutos a comprobar una historia puede resultar incómodo; perder los ahorros por no hacerlo resulta mucho peor.






