En el extremo oriental de la República Dominicana, próximo al Aeropuerto Internacional de Punta Cana, se encuentra Cap Cana, un desarrollo urbanístico y turístico que ha ido adquiriendo características propias de una ciudad. Aunque su nombre suele relacionarse con hoteles de lujo, playas y campos de golf, dentro de sus instalaciones también funcionan comunidades residenciales, centros educativos, establecimientos comerciales y sistemas de servicios públicos. Su crecimiento refleja una modalidad de desarrollo territorial en la que las actividades turísticas conviven con una población que ha comenzado a establecer allí su residencia habitual.
Cap Cana fue concebida en 2002 mediante un plan maestro que contemplaba la distribución de los espacios residenciales, comerciales, hoteleros y recreativos, junto con las infraestructuras necesarias para sostenerlos. Este modelo permitió incorporar servicios básicos antes de que determinados sectores alcanzaran su ocupación actual.
Con el paso de los años, el destino ha experimentado una transformación que va más allá de la construcción de alojamientos para visitantes, dando lugar a barrios, vías de comunicación y espacios destinados a las actividades cotidianas de sus residentes.

Una comunidad residencial en crecimiento
La población de Cap Cana constituye uno de los indicadores de esa transformación. Según datos recogidos por la revista Factor de Éxito en una entrevista con su presidente ejecutivo, Jorge Subero, al cierre de 2025 la ciudad destino contaba con más de 3,000 familias residentes y superaba las 9,000 habitaciones hoteleras e inmobiliarias en operación.
Aunque no existe una cifra censal específica que permita establecer con exactitud su población permanente, una estimación ilustrativa basada en tres o cuatro integrantes por familia situaría a 3,000 hogares entre 9,000 y 12,000 personas. Esta aproximación no constituye un recuento oficial y podría variar según la composición real de las familias.
La presencia de residentes permanentes ha impulsado actividades que no dependen exclusivamente del turismo. Dentro del complejo funcionan supermercados, farmacias, entidades bancarias, establecimientos gastronómicos, consultorios y otros comercios. También existen servicios de veterinaria, estaciones de combustible y espacios para la práctica deportiva.
El Centro Comercial Las Canas figura entre las áreas donde se concentran diversas actividades comerciales y administrativas, mientras que otros establecimientos se distribuyen entre la marina y los diferentes sectores residenciales.
Electricidad y agua bajo una infraestructura propia
Una de las particularidades de Cap Cana es su sistema energético. A diferencia de las comunidades que reciben electricidad mediante las redes habituales de las distribuidoras regionales, este desarrollo dispone de un sistema de generación y distribución gestionado por la Corporación Energética Turística Juanillo (CENETUR).
Una investigación publicada por la revista Contacto describió una infraestructura energética aislada, con una capacidad de generación de aproximadamente 50 megavatios, considerando sus distintas fuentes y sistemas de respaldo. Esto permite abastecer las instalaciones hoteleras, residenciales y comerciales del destino sin depender de la distribución ordinaria de EDEESTE.
El suministro también incorpora energías renovables. Según la Fundación Cap Cana, la infraestructura incluye un parque fotovoltaico de 5.2 megavatios y sistemas adicionales de paneles solares con capacidad de 1.5 megavatios. En conjunto, estas instalaciones permiten cubrir alrededor del 11.3 % de la demanda eléctrica reportada por la organización. La energía convencional continúa formando parte de su matriz, por lo que la existencia de generación solar no implica que el complejo funcione exclusivamente con fuentes renovables.
La gestión del agua constituye otra parte importante de su funcionamiento. La Corporación de Acueductos Turísticos Juanillo (ACUATUR) administra los procesos de captación, tratamiento, distribución y saneamiento. Su infraestructura comprende pozos de extracción, sistemas de potabilización, redes de abastecimiento y plantas para el tratamiento de aguas residuales. De acuerdo con datos publicados por Contacto, el sistema dispone de una capacidad de suministro de aproximadamente 540,000 metros cúbicos mensuales.
El tratamiento de las aguas residuales también permite aprovechar recursos que, de otra manera, serían desechados. La Fundación Cap Cana señala que el agua tratada en sus instalaciones de depuración se reutiliza para el riego de campos de golf, jardines y áreas verdes. Asimismo, parte de los lodos derivados de estos procesos se aprovecha en la producción de sustratos destinados a la reproducción de especies vegetales. Estas prácticas forman parte de las medidas ambientales promovidas dentro del desarrollo.
Servicios, educación y vida cotidiana
La infraestructura urbana comprende calles asfaltadas, instalaciones eléctricas soterradas y redes de telecomunicaciones. Según la revista Contacto, Cap Cana dispone de más de 130 kilómetros de infraestructura vial y más de 150 kilómetros de fibra óptica subterránea. Esta red facilita las comunicaciones entre hoteles, viviendas y establecimientos comerciales, aunque la expansión inmobiliaria plantea la necesidad de continuar adaptando los servicios a una demanda creciente.
La oferta educativa incluye el Heritage School, un centro internacional bilingüe que ofrece enseñanza desde los primeros niveles hasta el bachillerato. Cap Cana también dispone de instalaciones de atención médica, servicios de emergencia, gimnasios y espacios de bienestar. Su cercanía con otras zonas de Punta Cana permite complementar estos servicios con establecimientos ubicados fuera del desarrollo, una circunstancia importante para comprender su integración con el territorio circundante.
Del turismo a una comunidad urbana
Los atractivos turísticos siguen siendo una parte significativa de su economía. La Marina Cap Cana constituye uno de sus espacios más reconocidos, por sus instalaciones náuticas, restaurantes y actividades de pesca deportiva. También destacan el campo de golf Punta Espada, diseñado por Jack Nicklaus, las playas Juanillo y Api Beach, las instalaciones ecuestres y parques de entretenimiento como Scape Park y El Dorado Park. A estos se suman complejos hoteleros, restaurantes de diversas especialidades y espacios destinados a encuentros sociales y actividades familiares.
Sin embargo, el crecimiento residencial ha introducido nuevas necesidades. Una familia que vive permanentemente en Cap Cana requiere condiciones distintas a las de un visitante que permanece durante algunos días. La disponibilidad de alimentos, transporte, educación, atención sanitaria y servicios domiciliarios adquiere una importancia comparable a la de los atractivos turísticos. También surgen desafíos relacionados con la movilidad, el mantenimiento de infraestructuras y la conservación de los espacios naturales ante el incremento de las construcciones.
La experiencia de Cap Cana muestra cómo un proyecto inicialmente asociado al turismo puede evolucionar hacia una comunidad urbana con servicios integrados. Su infraestructura propia constituye una característica distintiva, aunque no significa que funcione completamente al margen de las empresas proveedoras, las regulaciones nacionales o los centros urbanos cercanos. Su desarrollo futuro dependerá tanto de la actividad turística e inmobiliaria como de su capacidad para atender las necesidades de quienes han decidido convertir ese destino en su lugar de residencia.






